El despertar tecnológico

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La inteligencia emocional es una competencia, cuya clave reside tanto en el cuidado del cuerpo, como de la mente y de la emoción, supone un equilibrio interior entre estas dimensiones, incluyendo nuestras relaciones con el entorno.

Sería interesante pensar en la competencia tecnológica como una nueva dimensión a trabajar en el desarrollo de esas habilidades que integran la inteligencia emocional. Aprender el lenguaje y la cultura de las nuevas tecnologías como parte de las habilidades de la comunicación y de la inteligencia social para relacionarnos con el medio.

Aunque hoy en día, con la incorporación de las tecnologías a nuestra vida, nos encontramos ante un nuevo tipo de entorno que no es el medio físico. Hablamos del entorno virtual o ciberespacio, donde no solo interaccionamos y lo modificamos. Este nuevo entorno  ha transformado de manera asombrosa, nuestra forma de comunicarnos, de relacionarnos, de aprender o de trabajar y  requiere comunicarse adecuadamente con conocimiento y ética.

La “Era tecnológica” ofrece a la humanidad un infinito abanico de posibilidades para el crecimiento personal, social o profesional, difícilmente imaginable hace cien años.

Sus ventajas y aplicaciones en nuestra vida son innumerables desde el acceso ilimitado a la información, al conocimiento y a la comunicación, hasta por ejemplo, la capacidad de eliminar barreras en problemas de  aprendizaje o de movilidad reducida, como sucede en materia asistencia sanitaria, social o educativa, incluso salva vidas en situación de emergencias, todo ello se puede realizar a través de un ordenador o dispositivo electrónico.

Igualmente el poder de las redes sociales y otras aplicaciones tecnológicas para la comunicación transformado notablemente en nuestra forma de relacionarnos, generando nuevos hábitos y culturas.

Nos permite conectar con personas más allá del entorno físico, y paradójicamente igual que reduce distancias, también las crea. Posibilita tanto  la comunicación, como el aislamiento, llegando a generar en algunos casos la atrofia de nuestras habilidades sociales y mentales.

Hoy en día, es común ver grupos de personas juntos y cada uno ellos delante de  una pantalla, personas de todas las edades frente a un dispositivo electrónico, en cualquier entorno (íntimo, social, profesional, educativo) y a cualquier hora. Incluidos los bebes, que nos fascinan con su capacidad de  manejar  un Smarphone con la misma precisión que antes lo hacían con un sonajero.

Esta nueva forma de relacionarnos y vivir delante de una pantalla, es el fenómeno conocido como “Phubbing”,  lo que yo suelo llamar estar “Empantallados sin límite” ya sea delante de un móvil, un ordenador, una tablet, una televisión, un videojuego, en situaciones de trabajo, de ocio o intimidad.

Quizás nos falta conciencia de los efectos de la tecnología, especialmente de Internet   y su gran impacto en nuestra forma de vivir.

Con la aparición de Internet, se  crean  “Universos virtuales” donde cualquiera puede ser astronauta y explorar; se transforman  culturas y lenguajes; nacen nuevos conceptos y  formas de relacionarnos; se generan nuevas patologías y abusos o situaciones delictivas, e incluso se modifican  formas de pensar y de actuar, llegando a simplificar nuestras funciones cognitivas.

Por ejemplo, ahora ya no necesitamos memorizarlo todo, para eso está el ordenador o el móvil,  apenas escribimos con papel y bolígrafo, actualmente resulta más sencillo arrastrar el dedo por una tecla o pantalla táctil. Y sobre todo, las nuevas tecnologías han creado nuevas necesidades y dependencias como si se tratasen de una parte de nuestro cuerpo.  Hay personas que llegan a entrar en situaciones de pánico cuando olvidan su móvil en casa o se quedan sin Internet.

Existen nuevas fobias originadas con la tecnología, hablamos de trastornos como, la tecno-fobia  o el  miedo a usar ordenadores y otros dispositivos tecnológicos, la Tecno-filia o  trastorno por el exceso de dedicación a las nuevas tecnologías, incluso se habla de Tecno-estrés como una nueva forma de generar tensión en el organismo. Estas nuevas patologías no solo  se dan en adolescentes y jóvenes de la generación digital, ahora llamados “nativos digitales”, también sucede con  personas adultas pertenecientes a la generación analógica integrada por  “inmigrantes digitales”.

La tecnología nos facilita la vida y también nos la complica. Conlleva una exigencia de actualización técnica constante, así como de un consumo tecnológico responsable, a no ser que quieras sentirte como un marciano viviendo “el analfabetismo digital”, o  simplemente caer en sus redes sin control, permitiendo que controlen tu vida y anulen, tanto tus relaciones, como tu capacidad personal. Ha llegado la hora de abandonar los viejos esquemas de la “Era industrial” y educarnos para este “Despertar tecnológico”, que hace veinte años ni siquiera sabíamos que estaba dormido.

 

 

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