Claves para gestionar el estrés

Desde el siglo XX nos vemos inmersos en una “Cultura de estrés” que nos invade de forma viral  motivada por el vertiginoso desarrollo tecnológico y la economía global, los cuales  dan lugar a una sociedad que se caracteriza por ser un mundo cambiante  que nos obliga a estar en un estado de respuesta permanente al cambio.

Esta necesidad de responder al cambio y gestionarlo nos somete a diario a una gran cantidad de estrés. El término estrés es de origen francés y significa estirar, es sinónimo de forzar la máquina en exceso y aunque en su origen es un mecanismo de defensa positivo, mantener la sobrecarga y la tensión compromete a nuestro organismo en su capacidad de respuesta pudiendo colapsar y desembocar en enfermedad.

Llamamos estresores a todo aquello que puede ser causa de estrés de origen interno o externo. Los pensamientos negativos, las quejas constantes, las  prisas, la impaciencia, la tensión  y el cansancio acumulado, la  falta de alimentación adecuada, deshidratación o poco ejercicio físico son motivos de estrés. Igualmente sucesos de nuestra vida como una separación, deudas, mudanzas, despidos. También pueden generar estrés problemas de contaminación o de ruido, o situaciones traumáticas o catastróficas y en el siglo XXI la tecnología se presenta como  una nueva  fuente de tensión: el tecnoestrés, la tecnofobia…

Si estás irritable, te quejas a menudo, si aprietas los puños o chirrías los dientes, si manifiestas molestias físicas como migrañas, malestar estomacal o intestinal,  problemas para dormir o comer probablemente este experimentando una situación de estrés prolongada debido a un conflicto sin resolver.

Anticiparse, preocuparse, ser demasiado crítico, compararse son formas de estresarse mentalmente, todo ello provoca un exceso de adrenalina y de tensión corporal que nos intoxica y desgasta. Igualmente no cuidar el cuerpo o las emociones, no atender a nuestras necesidades, sobrepasar nuestra capacidad, todo ello merma nuestra energía y  crea desequilibrio y tensión.

Es necesario aprender a gestionar el cambio, a afrontar las situaciones límites con la mayor calma posible, quizás no podamos cambiar la situación exterior, pero si la situación  interior, cambiar la forma de reaccionar.

Técnicas para reducir el estrés

Existen numerosas técnicas y estrategias para reducir y manejar el estrés. Es fundamental cuidar el cuerpo con descanso, alimentación equilibrada, hidratación y ejercicio. La actitud positiva mental y el optimismo nos brindan energía para gestionar el cambio constante al que nos vemos sometidos. Es importante decidir actuar con calma y serenidad. Practicar la respiración, la meditación, la visualización creativa, el yoga o cualquier ejercicio físico son poderosas herramientas para mejorar nuestra relajación física y mental y mantener nuestra energía vital.

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