¿Te comunicas con tus emociones?

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Desde la Teoría de la Inteligencia Emocional toma fuerza la idea de que las emociones influyen  de forma decisiva en nuestra salud y desarrollo personal y social.

Las emociones se definen  como reacciones químicas y fisiológicas del organismo que nos dan información sobre nuestras necesidades, permitiendo satisfacerlas y responder de forma adecuada al entono.

El cerebro de un recién nacido, si lo comparamos con un ordenador, podría decirse que  viene equipado con un disco duro básico que contiene un conjunto de emociones básicas, una tremenda capacidad de imitar y  una memoria con espacio casi infinito para almacenar conocimiento y capacidad para ejecutar y desarrollar programas.

¿Te comunicas con tus emociones? ¿Comprendes sus mensajes? o simplemente ¿Permites que hagan y deshagan a su antojo?

Todas las emociones son positivas, son mecanismos del organismo para recibir información sobre los reajustes que necesitamos realizar  para mantener el equilibrio personal, son la base de la inteligencia, son innatas y necesitan ser atendidas.

Reprimir nuestras emociones o no expresarlas adecuadamente, fácilmente será fuente de conflicto  personal y social, comprometiendo también seriamente la salud física, psíquica y mental.

Cuando sentimos emociones de la categoría del miedo, el enfado o la tristeza se genera una reacción en cadena liderada por la activación del sistema límbico y el flujo de la hormona adrenalina que permite un estado de alerta favorable y así responder ante las amenazas, peligros  o cualquier cambio del entorno. Esta tensión inicial si se prolonga empieza a ser nociva para el cuerpo, el exceso de adrenalina y cortisoles intoxica el organismo afectando a nuestro cuerpo y pensamiento.

¿Qué quiere tu miedo de ti?

Emociones como la alegría o la tranquilidad liberan serotonina, una hormona que nos permite sentir bienestar y relajación, mejorando la capacidad personal de respuesta a los cambios del entorno, fortaleciendo el sistema inmunológico y por tanto la salud.

¿Hacia dónde te mueve tu alegría?

Mantener el equilibrio emocional, transformar nuestros estados internos, elegir como queremos responder ante la adversidad y el cambio es una habilidad fundamental de la inteligencia emocional. Es importante aprender a gestionar la tensión y responder con calma ante cualquier evento que agite nuestras vidas.

Una emoción para transformarse primero necesita  ser reconocida y  aceptada, (negarla o reprimirla no funciona, genera conflicto interno y externo). Es necesario tomar conciencia de nuestros estados internos para poder gestionarlos. Aprender a pensar en positivo para generar estados de bienestar regulados por la serotonina, acompañarnos de un lenguaje motivador y una actitud corporal que fomente el flujo energético armónico de nuestro ser.

Para desarrollar la capacidad de la autorregulación emocional, para comprender y regular las emociones propias y ajenas, es necesario tener confianza en uno mismo, conocer nuestras debilidades y nuestros talentos, mantener una actitud positiva y transformar nuestro pensamiento y emociones en nuestro favor. Se recomienda  realizar prácticas que favorezcan la relajación física y mental como el ejercicio físico,  la respiración, la meditación, el pensamiento positivo, son técnicas que nos ayudarán a aprender a mantener la calma y la tranquilidad para no intoxicarnos de adrenalina.

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